- Daniela Isabel Ortiz
No se escucha la noche.
Llega como cansada,
con espesor pegajoso.
Ansiosos los oídos,
no se escucha la noche.
Son siglos y siglos
de terrores diarios
de orgullos pedestres
de movimientos inútiles.
Ahora,
aturdidos por el silencio negro,
imaginamos un sonido insólito, áspero.
La noche se abre en dos
y alberga nuestra imaginación.
Luego se esconde, silenciosa, respetuosa,
ante tanta ilusión.