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Momento de templar

  • Foto del escritor: Daniela Isabel Ortiz
    Daniela Isabel Ortiz
  • 23 ene 2024
  • 2 min de lectura

El sábado 20 de enero fue un día muy importante para mí; ciertas imágenes, sensaciones e intuiciones confirmadas van a quedar en mi memoria para siempre.

El sábado 20 de enero tomé, a lo largo del día, dos clases de perfeccionamiento para biodanzantes. En la noche, estuve participando en una actividad de escritores en el marco del Festival Amigxs por la Cultura, que se realizó en la plaza de Villa Krause, villa cabecera de mi querido Rawson. Fue, así, un día en el que se aunaron, intensamente, dos mundos que, durante mucho tiempo, y de una manera errónea, he percibido como antagonistas, irreconciliables: la cosa pública y la cosa espiritual.

(Digo que la separación antinómica es errónea porque es epocal. Los chamanes de los pueblos originarios no eran monjes solitarios como los del cristianismo, sino que, integrados plenamente en sus pueblos, se comunicaban con los espíritus para corregir los errores de su comunidad. Hombres-puente, nada está separado. Y digo que la separación antinómica es errónea porque el 20 había un elemento en común: los cuerpos dedicados por entero a la presencia, a la contingencia).

El 20 de enero se me humedecieron los ojos en dos momentos: primero, durante una danza-nido, en el que quedamos unides como humanidad; luego, cuando vi la mirada desconfiada pero curiosa de una niña vestida con su camiseta de San Martín y abrazada a su madre, porque la incitábamos a percutir una máquina de escribir, un objeto fuera de su cotidianeidad. Antes, en la clase cerrada de biodanza, después, en la plaza pública, algo en mí sabía que estaba ocurriendo, de a poco, la integración de los opuestos representados por las separadas esfinges de mi arcano de nacimiento, el Carro. Mi arcano del año, la Templanza, me pide que no tenga miedo de mezclar, de mezclarme, de perderme en algo nuevo.

El día 20 de enero finalizó pero no su intensidad. Hasta las 3 de la mañana estuvimos bailando cuarteto y cumbia en la calle, en una pequeña fiesta tan espontánea y como agradecida de que hayamos elegido a uno de los departamentos más populares, y denostado por lo mismo, de San Juan.



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